Intercesión Universal
La alabanza y la intercesión son dos alas
para volar en el espíritu, no en solitario, sino llevando a muchos
hacia el corazón de Dios. Si falta una de las dos alas, muy corto
será el vuelo. "Si vivimos por el Espíritu, dejémonos
conducir por el Espíritu" (Ga 5,25). Nada más ventajoso para
el cristiano y para la Iglesia.
Cuando el Espíritu controla la vida de un
cristiano, ensancha su corazón y establece unidad y armonía
en su interior. La alabanza y la intercesión se fusionan. Su alabanza
es intercesión, pues cuando alaba lleva en su corazón a toda
la familia humana. Su intercesión es alabanza, pues sólo
busca la gloria de Dios. Cuando el Espíritu controla la vida de
un cristiano, su plegaria cuanto más silenciosa ante los hombres,
tanto más elocuente ante Dios.
Interceder (del Latín inter y cedere) significa
posicionarse entre, mediar, intervenir para solucionar un problema. En
el mundo de la oración cristiana significa de hacer de puente entre
Dios y los hombres; convertirse en canal de doble dirección, por
el que las aspiraciones de los hombres suban a Dios y la gracia divina
fluya a los hombres.
La distancia entre Dios y el hombre es infinita. Pero
infinito es también el amor, la bondad y el ingenio de Dios. Y él
mismo ha levantado un puente que salva esa distancia, Jesús, el
Hijo de Dios hecho hombre. Con su muerte en la cruz, Jesús destruyó
el poder del pecado, que es nuestra verdadera muerte. Con su resurrección
nos abrió las puertas de la vida, el corazón de Dios. Y para
completar su obra maravillosa, Dios envió su Espíritu, que
nos consagra y nos introduce en el seno mismo de la Trinidad, "para vivir
en comunión con el Padre y su Hijo Jesucristo" (1Jn 1,3).
Los que vivimos en comunión con Dios, movidos
por el Espíritu a orar en el nombre de Jesús, podemos interceder
unos por otros y por toda la familia humana, El Todopoderoso ha querido
necesitar nuestra cooperación, y ante todo nuestra intercesión,
para bendecir y salvar a sus hijos.
Si abres los ojos de la fe, verás que tú
eres el fruto de la intercesión de muchos: recibiste la vida, salud,
educación y tantas bendiciones... gracias a la plegaria de tu familia,
amigos y muchos desconocidos, a quienes se lo agradecerás en el
cielo. En más de una ocasión Dios te ha librado de algún
peligro inminente, porque alguien intercedía por ti ante Dios. ¡Cuantas
casualidades han venido a enriquecer tu vida, cuántas sorpresas
te han hecho llorar de alegría... todo gracias a la intercesión
de algún grupo desconocido, o comunidad contemplativa.
Todo lo que Dios realiza en este mundo para bien de
sus hijos, lo hace en respuesta a la intercesión de su Hijo amado,
de su bendita Madre y de unos cuantos socios de Jesús y María,
¿No te gustaría entrar en esa sociedad? La oficina de admisión
la tienes muy cerca, a la puerta del Corazón de Jesús; y
está siempre abierta.
Intercesión es toda oración de petición,
súplica, arrepentimiento, perdón, adoración, alabanza,
acción de gracias, sobre todo de silenciosa contemplación...
ofrecida a Dios en favor de otra persona, personas, grupo, Iglesia, o mundo.
Sin la intercesión, nuestra oración nunca será completa,
pues como dice Sta. Teresa: Orar es llenarse de Dios y darlo a los demás.
Quien sólo ora por sí mismo, o por el placer que encuentra
en la oración, no ha entrado todavía en el misterio glorioso,
ni descubierto el poder de la oración cristiana.
Todo cristiano vive la vida de Dios en Cristo Jesús,
la misma vida sobrenatural. ¡Pero qué diferencia entre el
cristiano mediocre y el verdadero santo! La mediocridad sólo existe
por decisión propia, pues Dios llama a todos a la santidad. Y a
todos nos ha equipado para la santidad, al darnos su Espíritu santificador
Lo mismo cabe decir de la intercesión y los
intercesores. Existe toda una escala, con infinidad de peldaños.
Por razones didácticas, y con perdón de Dios y de los lectores,
yo los clasifico en cuatro secciones: a) Presentadores; b) Intercesores;
e) Intercesores consagrados; y d) Intercesores cristificados. En cada sección
evidentemente hay diversos grados.
1..LOS PRESENTADORES
Uno toma conciencia de las necesidades y cargas de
otros y, muy cristianamente, las presenta a Dios, las pasa a Jesús,
el gran Intercesor, o las pone en manos de María. Es una práctica
excelente, sobre todo cuando se hace en la santa Misa, en los Laúdes,
o ante el Santísimo. Mejor aun cuando la plegaria es espontánea,
breve, sencilla y concluye con acción de gracias. "No os inquietéis
por cosa alguna; antes bien en toda ocasión, presentad a Dios vuestras
peticiones, mediante la oración y la súplica, con acciones
de gracias" (Ef 4,6).
Los presentadores pueden ser intercesores de primerísima,
cuando su alma es sencilla, su amor al prójimo muy grande y su fe
en Dios infinita. Un buen ejemplo son las amigas de Jesús Marta
y María, presentando la necesidad de su hermano: "Aquel a quien
amas está enfermo" (Jn 11,3). Insuperable el ejemplo de María
en Caná: "No tiene vino" (Jn 2,3).
Las complicaciones desagradables surgen, sobre todo
en grandes asambleas, cuando el alma cristiana de algunos intercesores
esta condicionada por temperamentos impulsivos. La sesión se convierte
en un bombardeo de intenciones, que desconcierta y desplaza a los verdaderos
intercesores, En el cielo no sé qué efecto tendrá;
en la tierra más bien cansancio y dolor de cabeza.
Otro tanto sucede cuando el alma cristiana de algún
intercesor lleva acoplada una mente pagana. Fenómeno demasiado frecuente.
Si la mente pagana lleva acoplada una lengua elocuente, en vez de humilde
intercesión, tendremos sermones elocuentes, oraciones apabullantes.
La mente pagana y la lengua elocuente sólo tienen un remedio: conversión
a la sencillez y confianza del evangelio. Dice el Maestro: "Al orar, no
os convirtáis en charlatanes, como los paganos, que se imaginan
que serán escuchados por su gran elocuencia. No hagáis como
ellos, porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes de pedírselo"
(Mt 6,6s).
Algunos intercesores, sobre todo los más
elocuentes, y los que no dedican suficiente tiempo a la oración
personal y a rumiar la Palabra de Dios, nunca pasan del grado de Presentadores.
No llegan a descubrir el misterio de la intercesión, porque sólo
se mueven en la periferia. Sea Dios bendito por su presencia en la Iglesia
y por su contribución al proyecto divino de salvación. Y
si alguna vez acuden a un encuentro de intercesión, quiera Dios
no se haga notar su presencia.
2. SIMPLES INTERCESORES
Los intercesores no nacen; se hacen. En el largo proceso
de formación, se encuentran intercesores en diversos grados de crecimiento:
desde intercesores incipientes hasta intercesores ya consagrados, e incluso
identificados con el único Intercesor, Cristo. Lo que a continuación
se dice vale para todos mutatis mitandis.
Mt 9,35-38 nos ofrece una escena típica.
Muchedumbres acosan a Jesús buscando favores, sin compromiso. Un
círculo de discípulos, más o menos comprometidos y
unos pocos íntimos rodean a Jesús, buscando su reino, y hasta
cooperan con él. La historia se repite hoy: Hay millones de cristianos
indiferentes, que acuden a Dios cuando lo necesitan: el suyo es un dios-útil.
Por fortuna, hay también muchos cristianos comprometidos como discípulos,
que buscan y sirven al Dios-Amor. ¿A cual de los dos grupos estás
afiliado? ¿Ratificas tu afiliación al discipulado?
A sus discípulos de ayer y de hoy Jesús
brinda su amistad, y con ella su alegría, su gloria: "Como el Padre
me amó, así os he amado yo a vosotros. Permaneced en mi amor..
Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando. A vosotros
os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he
dado a conocer... Os he dicho esto para que mi alegría esté
en vosotros, y vuestra alegría sea colmada. Este es mi mandamiento:
que os améis los unos a los otros como yo os he amado" (Jn 15,9-15;
17,24).
Es en este marco de amistad con Jesús donde
se desarrolla toda la vida de oración cristiana. Cualquiera sea
su lenguaje (palabras, cantos, gestos, miradas, silencios contemplativos
... ), la oración cristiana brota y se vive en el corazón,
templo del Espíritu Santo. No todos son hábiles para pensar,
mas todos los humanos lo son para amar...
Sta.Teresa: "No es otra cosa oración mental
sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien
sabemos nos ama... Para ser verdadero el amor y que dure la amistad, se
han de encontrar las condiciones. La del Señor ya se sabe que no
puede tener falta; la nuestra es viciosa, ingrata.... Oh qué buen
amigo hacéis, Señor mío, cómo le vais regalando
y sufriendo, y esperáis a que se haga de vuestra condición,
mientras le sufrís vos la suya... He visto esto claro por mí,
y no veo, Criador mío, por qué todo el mundo no se procura
llegar a vos por esta particular amistad: los malos para que nos hagáis
buenos." (Vida e. 8, 5).
Cuando sus discípulos son fieles en cultivar
la vida de oración, como amistad con quien sabemos nos ama, el Señor
les invita a ser socios suyos en la gran tarea de santificar a su Iglesia
y salvar al mundo. Como en todas las obras de Dios la oración ha
de ir por delante de la acción, a sus socios, Jesús les urge
a orar: “ La a mies es mucha los obreros pocos. Rogad al dueño de
la mies que envíe obreros a su mies" (Mt 9,37s).
A los que se toman en serio esta llamada apremiante
a orar, Jesús les brinda el carisma de la intercesión universal.
Es éste un carisma del Espíritu; no el más vistoso,
pero acaso el más valioso. Es una sencilla, callada "manifestación
del Espíritu para el bien común" (lCo 12,7). Nada contribuye
tanto a la extensión y profundización del Reino, como la
oración de un intercesor consagrado.
La intercesión universal es un privilegio
costoso: Hay que arrimar el hombro y ayudar a Jesús a llevar las
cargas de la Iglesia y el mundo. Pero privilegio maravilloso: Los que así
intentan ayudar a Jesús a llevar las cargas, pueden contar siempre
con la ayuda de Jesús; cada carga que asumen les acerca más
a Jesús y a los hombres. Y con Jesús los débiles son
fuertes.
Con tu ayuda material, por generosa que esta sea,
puedes llegar a muy pocos. Con tu intercesión, puedes abrazar el
mundo y empujarlo hacia Dios. Interceder, es acoger en tu corazón
los intereses, necesidades y problemas de nuestra sociedad y "acercarte
confiadamente al trono de la gracia a fin de alcanzar misericordia y hallar
gracia para ser socorridos en tiempo oportuno" (Hb 4,16). La intercesión
no tiene otros límites que los de nuestro amor y los del poder de
Dios. Este carisma puede convertirte en puente, por el que muchos alejados
de Dios volverán al Padre. ¡Cuántos recibirán
la gracia de la conversión y te estarán agradecidos por la
eternidad!
Unido cada vez más a Jesús, fuente
de toda gracia, el intercesor se hace también canal de su gracia.
¡Cuántas gracias de santificación, apostolado, carismas,
dones, virtudes... reciben así los miembros de la Iglesia! ¡Cuántos
tentados de arrojar la toalla, recibirán un empujoncito y seguirán
adelante por el camino de la santidad, sencillamente porque tú has
orado por la santificación de la Iglesia! Con ellos alabarás
a Dios y danzarás en la eternidad.
Primero el reino de Dios y todo eso se os dará
por añadidura.." (Mt 6,31-34. ¡Y cuántas gracias reciben
los canales, cuando aprenden a ser meros canales: cuando, olvidándose
de sí y de sus cosas, aprenden a vivir para otros y orar por otros.
"No nos dejes caer en la tentación". La tentación del canal
sería convertirse en lago, en piscina, o al menos en un charquito:
buscar su propia ganancia, no fiándose a ciegas de la palabra del
Señor.
Condiciones para ser intercesor
1 . Adoptar la mirada de Dios "Tanto amó Dios
al mundo..." Jn 3,16s. Para interceder debes mirar al mundo a través
de los Ojos de Dios (la fe te da esa visión), y con el amor de Dios
en tu corazón (el Espíritu regala ese amor, Rm 5,5). El intercesor
no busca culpables, sino ayuda divina para que los problemas se solucionen,
en conformidad con la voluntad del Padre de las misericordias.
Imagínate una persona que nunca ora, egoísta,
perversa, y acaso en un cargo importante. Si los creyentes le rodeamos
de un muro de rechazo, ¿cómo podrá llegar a él
el amor de Dios? Y sólo el amor de Dios le va a hacer sentirse culpable
y cambiar de rumbo. Si adoptas la mirada de Dios, verás en él
un hijo de Dios, redimido en la sangre de Jesús. Si te abres al
Espíritu de Dios, le amarás y bendecirás en el nombre
del Señor. Y la gracia de Dios triunfará.
Pana interceder por la Iglesia debes mirar a la
Iglesia como la mira Dios: esposa amada de Cristo (Ef 5,25~37); cuerpo
(señal visible) y plenitud de Cristo (Ef 1,23). Al contemplar así
a la Iglesia, va pasando a tu alma algo del amor infinito con que Dios
la ama. Nada Más lejos de ti que resentimiento o rechazo de otros
cristianos que piensan y actúan de modo diferente. El deseo del
divino Maestro es "que sean uno" (Jn 17,21). Esa será tu obsesión
sagrada. Y eso supera toda barrera psicológica.
2. Unión con Cristo Jesús Jesucristo
único intercesor mediador- sacerdote de la nueva alianza: 1 Tim
2,5s.
El murió, resucitó y, está
sentado a la, diestra de Dios, e intercede por nosotros: Rm 8,34
El es nuestro abogado ante el Padre, víctima
por nuestros pecados y los del mundo entero: 1 Jn 2,1s. Por Él tenemos
acceso al Padre en un mismo Espíritu, como familia de Dios: Ef 2,
18
Puede salvar a todos, pues está siempre vivo
para interceder en su favor: Hb 7,24s; 9,15; 12,24
Por el Bautismo estamos incorporados a Cristo 1
Co 12,13; Revestidos de Cristo: Ga 3,26s. El Espíritu nos ha marcado
con el sello de Dios, carácter: 2Co 1,21s; Ef 1,13s
Sto. Tomás: "El carácter sacramental
es una configuración con Cristo, sumo Sacerdote y una participación
en su ministerio sacerdotal" (ST.3.63,3). En tu interior llevas gravada
para siempre la imagen de Cristo Sacerdote.
"Vosotros sois sacerdocio del reino..." : IP 2,5.9s
Vaticano 11: "Los bautizados son consagrados por la
unción del Espíritu Santo como casa espiritual y sacerdocio
santo, para que, por medio de toda acción del hombre cristiano,
ofrezcan sacrificios espirituales.... El sacerdocio común de los
fieles y el sacerdocio ministerial, aunque diferentes esencialmente, se
ordenan el uno al otro, pues ambos participan a su manera del único
sacerdocio de Cristo. El sacerdocio ministerial, por la potestad sagrada
que posee, forma y dirige al pueblo sacerdotal, efectúa el sacrificio
eucarístico en la persona de Cristo... Los fieles, en virtud de
su sacerdocio regio, concurren a la ofrenda de la eucaristía....(L.
G. 10).
El mayor empeño del intercesor ha de ser
fortalecer cada día rnás su unión con Cristo. Medios
para ello: los Sacramentos; la Palabra; oración personal contemplación;
caridad fraterna. Cuando la voluntad del intercesor está en todo
de acuerdo con la de Cristo, uno se convierte en intercesor consagrado.
Y cuando el intercesor se pasa al alma de Cristo y se fusiona con él,
en intercesor cristíficado.
3. Solidaridad con la Iglesia y con la humanidad
Para salvar a los hombres, Jesús se despojó
de su gloria y se revistió de nuestra pobreza: Fl 2,5ss
Para destruir el poder del pecado sobre nosotros,
"se hizo pecado en lugar nuestro": 2Co 5,21
Hoy Cristo está presente en la Iglesia; presente
en cada ser humano. Desde cada uno clama al Padre. Incluso las protestas
y blasfemias de los hombres, Jesús las convierte en plegarias...
Con el carisma de la intercesión, el Espíritu
concede el don de la compasión sobrenatural (sufrir con): la identificación
con el dolor de los demás. Compasión es el amor movilizado
ante la miseria ajena. Para interceder por otros debes vaciarte y olvidarte
de ti mismo; entrar en cierto modo en otros; hacer tuyos los problemas,
el dolor y hasta los pecados de los otros, De ese modo te presentarás
ante Dios en el lugar de otros.
"Estando en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores
vinieron y se pusieron a la mesa con Jesús y sus discípulos"
(Mt 9, 10). El corazón del intercesor es como la casa de Mateo:
allí están con Jesús discípulos y publicanos.
Y Jesús mismo sirve a la mesa el menú de gracia y misericordia
divina, con el vino de su Espíritu, que alegra el corazón
de todos los comensales.
4. Apertura al Espíritu Santo.
Nadie puede tener la mirada de Dios, si no le es comunicada
por IQ el Espíritu, que todo lo sondea, hasta las profundidades
de Dios" (lCo 2,10). Nadie puede acoger a Jesús como Señor,
y menos vivir unido a él, si no es bajo la acción del Espíritu
(lCo 12,3). Nadie puede entrar en solidaridad con la Iglesia y con la humanidad,
de no estar "bautizado (sumergido) en el Espíritu y bebiendo del
mismo Espíritu de Cristo Jesús" (1 Co 12,13).
En realidad, la intercesión verdadera es
siempre obra del Espíritu Paráclito, defensor, intercesor.
Es él quien intercede en y desde nosotros en favor de las diversas
intenciones. "Nosotros no sabemos orar como conviene, más el Espíritu
viene en nuestra ayuda, e intercede por nosotros.." (Rm 8,26s). El Espíritu
distribuye numerosos carismas que complementan y enriquecen el ministerio
de intercesión. En primer lugar el don de orar en el Espíritu
o en lenguas: (1 Co 14,2) Es una ayuda inestimable para todo intercesor.
Otros dones, como palabras de conocimiento, profecía, sabiduría,
discernimiento de espíritus... son sumamente valiosos. Conviene
pedirlos y usarlos.
Principios de intercesión
1. La intercesión se basa en el intercambio
de bienes espirituales, gracias a la comunión de los santos. Cuando
intercedes por la Iglesia o el mundo, nunca estás solo. Toda la
Iglesia orante, en el cielo y en la tierra, está contigo: estás
en comunión con la Virgen María, todo poderosa por su intercesión;
en comunión con los santos, con tus antepasados; en comunión
con todos los socios de Jesús sobre la tierra... Toma conciencia
de esta gran y maravillosa compañía; cuenta con su valioso
apoyo.
2. En el intercesor verdadero siempre "la misericordia
triunfa sobre el juicio" (St 2,13). Interceder es justamente lo contrario
de juzgar, criticar, condenar, rechazar... Esas palabras y actitudes tan
comunes entre los humanos, irán desapareciendo conforme el carisma
de intercesión universal vaya creciendo.
" D i c h o s o
s 1 o S misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia"
(Mt 5,7)
3. El intercesor nunca debe caer en la tentación
de constituirse en consejero de Dios, mostrándole el modo más
eficaz de solucionar los problemas. Deja que Dios sea Dios y actúe
como Señor de la historia (Rin 11,33-36). Dios no necesita consejeros,
sí socios. La intercesión no cambia los planes de Dios; cambia
el curso de la historia según los planes de Dios.
4. El objetivo de la intercesión no es mover
el corazón de Dios, para que quiera lo que nosotros queremos. Sus
deseos y sus planes son infinitamente mejor que los nuestros. El objetivo
es mover el corazón de los hombres para que quieran lo que Dios
quiere, entren por el camino de Dios y acepten el proyecto de Dios. Como
los humanos somos muy lentos en entrar por los caminos de Dios, es indispensable
perseverar en la intercesión. No es ésta tarea para quienes
buscan resultados inmediatos. *Le 18,1ss.
5. El trato íntimo con Dios siempre está
marcado por gran simplicidad y sencillez: Mt 6,7ss. Al interceder imita
el ejemplo de María en Caná: "No tienen vino" (Jn 2,3); el
de Marta y María presentando a su hermano (Jn 11,3). La eficacia
de la intercesión en ambos casos se debe a la fe en Jesús
y amor al prójimo. La intercesión más valiosa es la
que mejor acoge en fe el amor de Dios a favor del prójimo necesitado.
El mejor modo de tratar los asuntos del reino es en el lenguaje de Dios:
el sagrado silencio contemplativo. La mejor intercesión es el silencio
entre las palabras. El ideal es ampliar los espacios de silencio.
6. Confianza total en la bondad de Dios y en sus promesas:
Jn 16,23s; Rom 8,32, por una parte; y humildad profunda, conquistan el
corazón de Dios: Mt 6,5s; Lc 18,9-14; IP 5,5s
7. Como en el mundo abunda la miseria, en la intercesión
abunda la súplica humilde. Pero deben abundar también la
adoración, arrepentimiento, alabanza, acción de gracias (Fl
4,6); debe abundar, sobre todo, la advertencia amorosa, el silencio contemplativo,
"pues no hay obra mejor, ni más necesaria que el amor" (S.Juan de
la Cruz, C 29, l).
8. El Espíritu es quien conoce la mente de
Dios: sus proyectos, sus prioridades, las personas, naciones, o causas
por las que desea oración en este momento, las bendiciones que desea
derramar sobre sus hijos... (1 Co 2, 10). Por eso es tan importante la
escucha atenta y permanente (en lo posible) al Espíritu. ¡Tiene
tantas cosas que comunicar a sus amigos. "Por eso, no actuéis como
necios, sino procurad conocer cuál es la voluntad del Señor"
(Ef 5,17).
San Juan de la Cruz: "Como dice San Pablo: El que
se une con Dios, un espíritu se hace con él (]Co 6,17), de
aquí que las operaciones del alma unidas son del Espíritu
Divino y son divinas. Porque el espíritu de Dios las hace saber
lo que han de saber, e ignorar lo que conviene ignorar. Dios sólo
mueve las potencias de estas almas, para aquello que conviene según
la voluntad y ordenación de Dios. Y así las obras y ruego
de estas almas siempre tienen efecto. Tales eran las de la gloriosísima
Virgen Nuestra Señora, la cual estando desde el principio levantada
a este alto estado (de unión), siempre su moción fue por
el Espíritu Santo" (3 Subida 2,810).
Ciertos intercesores, movidos por e 1 Espíritu,
suelen comprometerse a orar un día a la semana (jueves) por los
sacerdotes. Otros sienten la llamada a orar por los niños y jóvenes,
consagrándolos a Jesús y pidiendo los proteja contra el espíritu
de la mentira e inmoralidad. Algunos se comprometen a orar cada día
por un político o un gobernante concreto, proclamando el señorío
de Jesús sobre él, cubriéndolo con la sangre del Cordero
y reclamando su victoria sobre todos los enemigos de la salvación.
Los hay quienes sienten la llamada a orar por los moribundos, conscientes
de que cada hora mueren unas cinco a seis mil personas. Como muchos de
ellos ni saben que Jesús murió por sus pecados, el intercesor
ofrece al Padre misericordioso el precio de su salvación, la sangre
de Jesús. Otros hacen lo mismo por las almas del purgatorio. De
ese modo se ganan amigos que los reciban en las mansiones eternas.
9. El don de lenguas, que muchos millones de católicos
lo han recibido en nuestros días, es sumamente útil en la
intercesión. Es un modo de dejar que el Espíritu ore libremente
en los intercesores, y lo haga siempre según la voluntad y ordenación
de Dios: Rm 8,26s; ICo 14,2
10. Jesús ha pagado ya el precio de todo lo
que de Dios pedimos; ha ofrecido y sigue ofreciendo su propia sangre por
la salvación de todos los hombres. Pero a sus socios nos invita
a poner nuestro granito de arena, para poder compartir con nosotros la
gloria que a él le pertenece como Salvador de todo el género
humano. Nos invita a unir nuestra vida, nuestras ocupaciones, por humildes
que sean, con su sacrificio eucarístico, constantemente renovado:
Col 1,24; Rm 12,1
11. Al orar comunitariamente es preciso hacerlo en
armonía, de mutuo acuerdo: Mt 18,19s.
El silencio en ciertos lugares y horas y la puntualidad
a los actos, son esenciales. Un pequeño ejército bien disciplinado
es mucho más eficiente que un gran ejército sin disciplina.
El perdón mutuo y la fe en Dios garantizan
el éxito: Me 11,24-26.
*Ayudas Horario - Lista de intenciones - Presentación
del tema a cada sesión- Escuchar al que dirige y a los hermanos.
* Praxis: Es bueno que al comienzo del día
los intercesores formen una cadena o piña, y el sacerdote (si presente),
o responsable cubra a todos con la sangre de Jesús, pidiendo protección
contra los poderes del mal, los panga bajo la protección de la Virgen
María; y todos aclamen a Jesús como Señor y Salvador.
1 N T E R C E S 0 R E S CONSAGRADOS
En camino a la santidad
Jesús resucitado ordena: Mt 28,17-20... El
bautismo es una consagración al Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Lo más glorioso y sorprendente que nos ha podido suceder.
Consagrar es una acción propia de Dios. El
Espíritu toma posesión de una criatura y la introduce dentro
de Dios, en el seno de la Trinidad, de modo que participa realmente de
la vida divina. "Habéis sido lavados, consagrados y justificados
en el nombre de nuestro Señor Jesucristo y en el Espíritu
de nuestro Dios": 1 Co 6,11; 2P 1,3s
Por la gracia del bautismo vivimos en comunión
con Dios. "Lo que hemos visto y oído os lo anunciamos para que también
vosotros estéis en comunión con el Padre y su Hijo Jesucristo"(
Jn 1,3).
Bta Isabel de la Trinidad: "Trinidad, he ahí
nuestra morada, nuestro propio hogar, la casa paterna de donde nunca debemos
salir. Así lo manifestó un día el divino Maestro:
el esclavo no se queda en la casa para siempre; el hijo se queda para siempre
(Jn 8,35) (CF 2). "Amo tanto ese misterio de la SS. Trinidad. Es un abismo
donde desaparezco" (Cta 62).
Las grandes obras de Dios llevan el sello de Dios.
El bautismo imprime carácter: una marca indeleble producida por
el Espíritu Santo, señal de consagración y pertenencia
a Dios; reproduce en nosotros la figura de Cristo y nos hace partícipes
de su sacerdocio; permanece para siempre como garantía de la protección
divina, y de resurrección final: 2Co 1,21s; Ef 1,13s; 4,30.
Consagrarse es la respuesta de la criatura: es abrirse
a la acción del Espíritu; entregarse a Dios más plenamente;
sumergirse en ese Océano de Amor; dejarse invadir por los Tres,
bajo la acción del Espíritu santificador: Rm 12,1.
El ideal de consagración se realiza cuando
la vida del cristiano cae bajo el control del Espíritu, en la vía
mística. ¡Todo bautizado está llamado a la vida mística
y equipado para la misma! ¿Qué se requiere? El Espíritu
y sus dones. Cuando el Espíritu llega a controlar la vida interior
de un cristiano, le purifica a fondo (noche oscura); le permite comunicarse
directamente con Dios (contemplación infusa); y al fin, le conduce
a la unión mística con Dios. De ese modo la consagración
bautismal se hace efectiva ' manifestando todo su poder: la criatura, vaciándose
de sí, se va llenando de Dios; al final, entregándose por
entero, llega a la plena posesión de Dios.
Nadie entra en la vía mística por
decisión propia, ni por esfuerzo propio, por mucha gimnasia espiritual
que haga. Es un don del Espíritu. Pero un don que el Espíritu
muy gustosamente concede a quien lo desea de veras y con humildad; y cultiva
la vida de oración con fidelidad; y se dispone vaciándose
de sí con generosidad; y con sabiduría deja que Dios sea
Dios (obrar pasivo).
Del mismo modo, nadie se convierte en intercesor consagrado
por decisión propia. Pero todo bautizado puede ser intercesor consagrado,
si se abre al Espíritu y coopera con su gracia. Intercesores consagrados
son aquellos en cuya vida el Espíritu va tomando las riendas; su
vida de oración y amistad con Dios se desarrolla cada vez más
bajo el control del Espíritu. Estos viven en profundidad las condiciones
para ser intercesor, mencionadas arriba. El Espíritu les capacita
no sólo para interceden con Cristo Jesús, también
como Cristo Jesús.
Quiero resaltar tres características de la
intercesión de Jesús, que marcan también a los intercesores
consagrados.
1. Jesús hace suyos los problemas, las aspiraciones
legítimas, el dolor y hasta los pecados de toda la humanidad: Mt
8,17; Mc 6,3 1ss; Jn 1,29; 2Co 5,21.
Bajo la acción..del Espíritu Santo,
el intercesor consagrado vive de algún modo misterioso los problemas
de la Iglesia y del mundo, no a nivel de cerebro (estando bien informado),
sino a un nivel más profundo y vital. Como san Pablo, vive "la preocupación
de todas las iglesias. ¿Quién desfallece sin que desfallezca
yo? ¿Quién sufre escándalo sin que yo me abrase?”
(2Co 11,28s).
Gracias a ese misterioso espíritu de solidaridad,
el intercesor consagrado pone ante Dios todo lo que es y todo lo que tiene
a disposición de los demás. Se cumple el dicho de Jesús:
"Gratis lo habéis recibido, dadlo gratis” (Mt 10,8). De ese modo
Dios recibe desde el intercesor la adoración de los que le rechazan;
la alabanza de los que le blasfeman; la gratitud de los que nunca piensan
en él, o sólo piensan para pedir favores; la sumisión
de los que resisten su voluntad; la entrega de los que huyen de él;
sobre todo, recibe el amor de los que le aman.
De ese modo también el Todopoderoso, ve en
un corazón amigo y sumiso a su voluntad, el pecado, las rebeldías
y las miserias sin fin de la humanidad... y muestra su gran compasión.
2. Toda la vida de Jesús, y su misma persona
es intercesión. Jesús es intercesor cada minuto de su vida,
porque sólo existe a beneficio de los demás. Lo mismo cabe
decir de la Virgen María.
Intercesión, más que un modo de orar,
es un modo de vivir. Cuando al creyente, que ama a Dios y al prójimo,
le preocupan los problemas de la iglesia y le duele el dolor del mundo,
toda su vida se convierte en una intercesión incesante.
"Jesús comenzó a declararles que tenía
que padecer mucho, ser rechazado, morir y resucitar al tercer día.
Esto lo decía con toda claridad" (Me 8,31). En el plan misterioso
de Dios, la salvación del mundo entero está vinculada al
misterio pascual de Cristo.
No es posible cooperar de modo significativo con
Cristo a la salvación del mundo y santificación de la Iglesia,
sin vivir en plenitud el misterio pascual de Cristo: sin padecer mucho,
morir y resucitar. La mejor parte de la intercesión es toda una
vida de trabajo, sacrificio, fatigas, & penas y alegrías, de,
entrega a la familia y a otros, ofrecida en unión con Cristo Jesús,
en favor de otros, de la Iglesia y el mundo. Sin esa intercesión
nuestra vida queda muy incompleta y vacía.
"Me amó y se entregó por mí"
(Ga 2,20). El Espíritu suele grabar a fuego esta verdad en muchos
corazones. Tales personas, no sólo aman a Jesús, aman también
su cruz, como el mejor modo de responder y de entregarse a él. Su
vida entera se con-vierte en una ofrenda de amor, un himno de alabanza,
una plegaria de intercesión. La vida de estas personas, por ordinaria
y oscura que sea, adquiere un valor inmenso para la Iglesia.
"Ofreceos a vosotros mismos como un sacrificio vivo,
santo, agradable a Dios... Transformaos mediante la renovación de
vuestra mente, de forma que podáis distinguir cual es la voluntad
de Dios: lo bueno, lo agradable, lo perfecto" (Rm 12,1s). Lo bueno, lo
que agrada a Dios, lo perfecto es que yo haga de mi vida una ofrenda permanente,
unida a la de Jesús, en favor de mis hermanos.
Mis sufrimientos y los de las personas allegadas a
mí, y los de la Iglesia, mi Madre, y los de las personas que acojo
en mi corazón, aun sin conocerlas... ofrecidos a Dios junto con
los de Cristo tienen un valor infinito. Acarrean una lluvia de gracias,
* Col 1,24.
El cristiano piadoso que tiene su hora de intercesión,
que participa en encuentros de intercesión, pero se queja de los
inconvenientes, pesadez del programa, rigidez de disciplina... dista un
rato de ser intercesor consagrado. Está desaprovechando lo mejor
de su vida para la extensión del reino de Dios y para su propia
santificación: el sacrificio.
El buen samaritano recogió al peregrino herido,
lo llevó a la posada y cargó con los gastos (Le 10,33ss).
El Buen Samaritano de la humanidad, Jesús, cargó con los
gastos de toda la familia; pagó ya el precio de todo lo que de Dios
podemos pedir. Con todo, a algunos amigos generosos, destinados a compartir
la gloria de Cristo, se les concede el privilegio de contribuir a pagar
el precio. "En mi carne completo lo que falta a los sufrimientos de Cristo
por su cuerpo, que es la Iglesia" (Col 1,24).
La intercesión es lucha por el reino de Dios,
contra las fuerzas del anti-reino. El ayuno es un arma poderosa
en esa lucha.
El mejor ayuno es el que uno no escoge: aceptar
dificultades y privaciones en la vida, deficiencias en la comida... Es
el ayuno que Jesús practicó habitualmente.
3. Incluso en su vida mortal, Jesús ,,está
en el seno del Padre" (.In 1, 1 S). Por eso, Jesús siempre intercede
desde el seno del Padre al corazón del Padre. No hay distancias.
Intercesor consagrado es el que vive 24 horas al día
en el seno de Dios. Al caer su vida bajo el control del Espíritu,
éste le introduce en la vía mística, que siempre conduce
a una más íntima unión con Dios: la unión mística.
Unido a Jesús es introducido en el seno del Padre. Cuando ora se
dirige desde el seno de Dios al corazón de Dios. Como no hay distancias,
no necesita palabras humanas para comunicarse. Así intercede en
favor de sus hermanos acaso menos privilegiados.
La Bta Isabel de la Trinidad ora: "¡Oh mis
Tres, mi Bienaventuranza, Soledad infinita, Inmensidad donde me pierdo!
Sumergíos en mí, para que yo me sumerja en vos". Dios es
soledad llena de plenitud, silencio lleno de sabiduría... Para sumergirse
en Dios es preciso huir de tantos ruidos externos, como noticias, novedades,
sensaciones ... ; y más aun de ruidos internos, como fantasías,
gustos, miedos, deseos mundanos...
Cuanto más se adentra uno en Dios, mejor
puede ayudar a otros a entrar en Dios. Y mejor puede comunicarse con los
que están ya en Dios. Si miramos bien, la distancia entre un ser
humano y otro parece ser infinita. Una comunicación superficial
no es difícil; pero llegar al fondo de otra persona parece imposible...
De ahí la soledad en que vive el ser humano. Entre intercesores
consagrados se establece, a veces, una corriente mutua, que ninguna mente
humana puede definir. La intercesión, cuando se hace desde el seno
de Dios, se convierte en punto de encuentro. ¿Qué mejor lugar
para encontrarse?
I N T E R C E S 0 R E S CRISTIFICADOS
El destino de todo cristiano, según el proyecto
de Dios, es ser como Jesús, incluso, ser Jesús. "A los que
de ante mano conoció también los predestinó a reproducir
la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito de muchos
hermanos" (Rm 8,29).
La intercesión universal es un camino muy
eficaz para llegar a esa meta gloriosa: a) porque nos enseña a dejar
de lado nuestros propios intereses, esquemas y proyectos, de modo que nos
vamos vaciando de nuestro yo; b) porque nos mueve a buscar ante todo el
Reino de Dios, como lo hacía Jesús, y la salvación
de todos los hombres, por los que Jesús sacrificó su vida.
Jesús nunca tubo otro deseo, otra ley de
vida, que la voluntad de su Padre. Este era su alimento (Jn 4,34). Buscando
siempre el agrado del Padre, vivía unido al Padre, se sentía
uno con el Padre (Jn 8,29; Jn 10,30). Buscando siempre y en todo la voluntad
de Dios, los intercesores consagrados se van identificando más y
más con su modelo, Cristo Jesús.
Triple unión: Unidos a Dios como Creador,
se nos comunica el ser propio de cada uno; unidos a Dios como Salvador,
por gracia, se nos comunica la vida divina. Esta unión por gracia
crece cualitativamente con la contemplación infusa, llegando a unión
mística por la que se nos comunican las propiedades divinas, la
santidad auténtica. A su vez, la unión mística admite
infinidad de grados... hasta llegar a la unión beatífica.
La intercesión contemplativa, propia del intercesor consagrado,
conduce a la unión mística con Dios.
San Juan de la Cruz: “La unión y transformación
del alma con Dios se da cuando las dos voluntades, la del alma y la de
Dios, están en uno conformes, no habiendo en la una cosa que repugne
a la otra... De donde a aquella alma se comunica Dios más que está
más aventajada en amor, lo cual es tener más conforme su
voluntad con la de Dios. Y la que totalmente la tiene conforme y semejante,
totalmente está unida y transformada en Dios sobrenaturalmente"
(2 Subida 5,3s). A veces, el intercesor, llevado por el Espíritu
en un momento de gracia, se pasa al alma de Cristo; y siente de algún
modo la sed abrasadora que consume al divino Redentor, sed de almas. Y
esa misma sed mueve al intercesor a trabajar y orar sin descanso por la
salvación de todos.
Santa Teresita era muy joven cuando tuvo una experiencia
profunda de conversión y curación interior: "Desde entonces,
sentí un gran deseo de trabajar por la conversión de los
pecadores, deseo que nunca antes había asentido tan vivamente. Sentí
que entraba en mi corazón la caridad, la necesidad de olvidarme
de mí misma por complacer a los demás. ¡Desde entonces
fui dichosa! ... . "Un domingo, contemplando una estampa de nuestro Señor
crucificado, quedé profundamente impresionada al ver la sangre que
caía de una de sus manos divinas. Experimenté una pena inmensa
al pensar que aquella sangre caía al suelo sin que nadie se apresurase
a recogerla; y resolví mantenerme en espíritu al pie de la
cruz para recibir el divino rocío que goteaba de ella, comprendiendo
que luego tendría que derramarlo sobre las almas. El grito de Jesús
en la cruz resonaba continuamente en mi corazón: ¡Tengo sed!
” (A 45v).
A veces el intercesor, sumergido en el seno de Dios,
percibe la sed infinita que abrasa el corazón de Dios, sed de amar
y de darse. Dios es amor, todo el ser divino es amor. Y por eso no hay
nada que Dios desee tanto y hasta necesite, como amar. Bien dice san Agustín:
Deus sitit sitiri. Dios está sediento de que acudamos a él
para saciar nuestra sed de amor y felicidad. Y Dios necesita amar como
Dios, gratuitamente, sin límites, sin fin
No solamente los mortales tenemos problemas. Dios
también los tiene. Su mayor problema: ¿Dónde encuentro
corazones totalmente abiertos y libres en los que pueda derramar mi amor
infinito? En el cielo ya los tengo, pero en la tierra... ?
Un problema adicional que encuentra Dios en nuestros
tiempos es cómo regalar su amor. En nuestra cultura consumista lo
gratuito no merece la pena. Lo caro, lo que más cuesta es lo que
más vale. Se mide el bienestar de una sociedad por su poder adquisitivo.
Si te dan algo gratis en el supermercado es para que compres más.
Entre consumidores no se comprende la gracia, los dones, el amor totalmente
gratuito de Dios. Y Dios tiene que preguntarse de nuevo: ¿Dónde
encontraré corazones totalmente pobres y humildes que acojan mis
dones, mi amor excesivo... como puro don?
No te imaginas cuánto agradece Dios le ayudemos
a solucionar estos sus problemas. ¿Puedes ayudarle? Es lo que trata
de hacer el intercesor cristificado. Ciertamente no está libre de
miserias humanas. Pero el Espíritu le enseña a utilizar sus
miserias como puente para comunicarse con Dios y con los hombres. Canta
el salmista: Un abismo llama a otro abismo (S.41,8). En lo más hondo
del abismo de su miseria, el intercesor se encuentra cara a cara con el
abismo sin fondo de la misericordia divina. Cuando el intercesor asume
sus miserias, se abre completamente ante Dios. Y el amor misericordioso
de Dios, con su fuerza infinita, se lanza sobre él, consume su miseria,
y la transforma en amor y compasión.
fuerzas el intercesor para acoger en su corazón
a tantos millones de hermanos hambrientos de felicidad y vacíos
de Dios, y clamar más con gemidos del alma, que con palabras: "Míranos,
Señor, con tu infinita misericordia; glorifica tu misericordia infinita
en nuestra miseria sin límites; ámanos, Señor, con
tu amor gratuito; abrázanos, S e ñ o r; introdúcenos
en tu corazón; sacia en nosotros tu sed infinita de amar".
La vida del intercesor cristificado puede ser totalmente
normal y sencilla. Y lo normal en esta vida suele ser caminar hacia Dios
en oscuridad y sequedad. Es así como la fe y el amor se purifican
y fortalecen. Lo que caracteriza al intercesor cristificado es su amor
total a la voluntad de Dios y su entrega a la causa de Dios: la santificación
de la Iglesia y la salvación del mundo.
"El reino de los cielos es semejante a un tesoro
escondido en el campo. El que lo encuentra, lleno de alegría, vende
todo lo que tiene y compra el campo" (Mt 13,44). En el campo de la intercesión
se esconde un tesoro fabuloso. A quien lo encuentra, no le cuesta vender
todo: sacrificar su tiempo, su voluntad, su libertad... por llenarse de
Cristo.
Cuando se sacrifica un valor por el reino de Dios,
éste no se destruye; se revalúa y diviniza. Quien sacrifica
su voluntad y libertad por Cristo, se hace realmente fuerte y libre, pues
queda "arraigado y cimentado en Cristo" (Col 1,7). De autónomo se
convierte en teónomo o cristo nomo con la libertad de los hijos
de Dios: 2Co 3,17. En el reino de Dios nada más débil que
la autonomía individual o de grupo. La cristonomía es invencible.
Este principio es de trascendental importancia cuando
la intercesión se convierte en lucha espiritual, como sucede con
frecuencia. Únicamente bajo el señorío de Jesús
podemos luchar con enemigos más fuertes, veteranos y astutos que
nosotros, y estar seguros de salir victoriosos. San Pedro nos exhorta:
"Humillaos bajo la poderosa mano de Dios (teonomía), para que os
ensalce a su tiempo... ¡Estad en guardia! Vuestro enemigo, el diablo,
como león rugiente, ronda buscando a quien devorar. Resistidlo firmes
en la fe" (1P 5,6-9). Y Santiago: "Someteos a Dios (teonomía); resistid
al diablo, y huirá de vosotros" (St 4,7).
Mt 8,16 nos ofrece una escena típica de la
evangelización de Jesús: "Al anochecer le presentaron muchos
endemoniados; y con su palabra echó a los espíritus y curó
a todos los enfermos". Con Jesús ha venido el Reino de Dios y las
fuerzas del anti-reino retroceden. La intercesión es mucho más
que presentar nombres y necesidades ante Dios. Es luchar por el reino de
Dios; y ello supone, con frecuencia, enfrentamiento con las fuerzas del
anti-reino (Ef 6,10-20).
En nuestra cultura, el enemigo trata de desacreditar
a la Iglesia, utilizando su arma fuerte, la mentira; trata de atrofiar
la fe a través del consumismo; y trata de dominar a las personas
a través del ocultismo, magia, adivinación, nueva era, orgullo
y autosuficiencia espiritual, adicciones y ataduras pecaminosas.
Es preciso utilizar todas nuestras armas en la lucha
directa con el enemigo. Empuñando el escudo de la fe y la espada
del Espíritu, y reclamando las promesas de Dios en favor de los
redimidos. Usando la oración de liberación en el nombre de
Jesús y con la ayuda de la Virgen María. Proclamando la victoria
de Jesús sobre el enemigo; el poder de su sangre y de su santa cruz.
Poniendo bajo la autonomía de Jesús y cubriendo con su sangre
a las personas, lugares y causas por los que oramos.
El intercesor cristificado, despojado de suyo, revestido
y lleno de Cristo Jesús, es el mejor soldado en esta lucha. Santa
Teresa de Jesús escribe: "Los soldados de Cristo, que tienen contemplación
y tratan de oración, saben que, con la fuerza que en ellos pone
el Señor, los enemigos no tienen fuerza, y que siempre quedan vencedores
y con gran ganancia... Los que temen, y es razón teman y siempre
pidan los libre de ellos el Señor, son unos demonios que se transforman
en ángeles de luz. De estos pidamos muchas veces que nos libre el
Señor" (Camino de Perfec.38,2).
"Porque si, como dice David, con los santos seremos
santos, no hay que dudar, sino que, estando hecha una cosa con el Fuerte
por la unión tan soberana de espíritu con espíritu,
se le ha de pegar fortaleza, y así vemos la que han tenido los santos
para padecer y morir" (7 Moradas,4, 10).
Como Dios es infinitamente simple, la voluntad de
Dios es igual al ser de Dios. Buscando siempre y en todo la voluntad de
Dios, uno se va llenando más y más de Dios y transformando
en Dios. Al fin podrá cantar: "Vivo yo, no yo; Cristo vive en mí"
Ga 2,10). "MI vida está escondida con Cristo en Dios" (Col 3,3).
Así se realiza lo que dice san Juan de la cruz: "Unida con la misma
fuerza de amor con que es amada de Dios, ama el alma a Dios con la voluntad
y fuerza del mismo Dios; la cual fuerza es el Espíritu Santo, en
el cual está el alma transformada. (C 38,3s). * Y con la misma fuerza
ama a todos los seres humanos y los levanta a Dios.
Aquí se realiza ¡el gran milagro de
la intercesión! Amando a Dios de parte de otros, una pobre criatura
cristificada contribuye grandemente a la santificación de la Iglesia
y a la salvación de innumerables almas. S. Juan de la Cruz: “Porque
es más precioso un poquito de este puro amor y más provecho
hace a la Iglesia, aunque parece que no hace nada, que todas esas obras
juntas” (Cántico esp. 29,2).
De nuevo san Juan de la Cruz: "Cuando un alma llega
este estado de amor no la conviene ocuparse en obras exteriores, que la
pudiesen impedir un punto de aquella asistencia de amor en Dios, aunque
sean de gran servicio de Dios, porque es más precioso delante de
Dios un poquito de este puro amor y más provecho hace a la Iglesia,
aunque parece que no hace nada, que todas esas otras obras juntas. Adviertan,
pues, aquí los que son muy activos, que piensan ceñir el
mundo con sus predicaciones y obras exteriores, que mucho más provecho
harían a la iglesia y mucho más agradarían a Dios,
si gastasen siquiera la mitad de ese tiempo en estarse con Dios en oración,
aunque no hubiesen llegado a tan alta como esta. Entonces harían
más y con menos trabajo con una obra que con mil, mereciéndolo
su oración, y habiendo cobrado fuerzas espirituales en ella; porque
de otra manera, todo es martillar y hacer poco más que nada, y a
veces nada, y aun a veces daño.... Está cierto que las buenas
obras no se pueden hacer sino en virtud de Dios" (Cántico c.29,2s).
Bendiciones y Privilegios del intercesor
1. El ministerio de intercesión universal es
algo tan dinámico como para sellar el destino de un futuro santo.
Solo Dios es santo, fuente de toda santidad. La criatura es santa en cuanto,
unida a Dios, participa de la santidad de Dios. Quien intercede con Jesús,
está ya unido a Jesús. Conforme persevera en la intercesión
se va uniendo más y más hasta desaparecer en Jesús.
El es el único intercesor. Ante ti tienes abierto un camino muy
seguro y recto para llegar a aquel grado de santidad al que Dios te predestinó.
La intercesión universal es camino de santidad.
2. Jesús intercede por nosotros a la diestra
del Padre (Rm 8,34). La diestra de Dios es un lugar de privilegio, de poder,
de gozo sin fin. "Me enseñarás el camino de la vida, plenitud
de gozo en tu presencia, alegría perpetua a tu derecha" (S 16,11).
Cuando intercedes con Jesús, Dios te contempla ya a su derecha con
su amado Hijo. Eso explica la alegría que suele reinar al final
de un encuentro fuerte de intercesión.
3. La intercesión es una tarea de misericordia,
que garantiza la misericordia divina (Mt5,7). Dios es Padre de todos, también
de los no creyentes. Al interceder por ellos, les prestas tu fe, tu esperanza,
tu corazón, tu voz... para que sean ellos quienes clamen al Padre
desde tu corazón.
De ese modo tu corazón se convierte en un
verdadero santuario universal, desde el que claman al Señor innumerables
personas de toda raza, lengua y nación. Es como un anticipo de la
liturgia del cielo, anunciada en el Apocalipsis (7,9s).
4. La intercesión es a veces muy dolorosa,
cuando sientes las cargas del prójimo; pero tanto más beneficiosa,
pues Dios "recoge tus lágrimas en su odre" (S 56,9), para regar
con ellas las semillas de su gracia. Así se realiza lo del Salmo
126: "Los que siembran entre lágrimas, cosecharán entre cantares".
Muchos serán los que algún día canten contigo.
5. Mt 6.33: Cuando te fías de Dios a ciegas,
buscas de corazón su reino y sus intereses, dejando de lado los
tuyos propios. Entonces, como lo ha prometido, Dios se cuida de 'los tuyos;
y sales ganando. La experiencia lo comprueba a menudo.
6. La conciencia- de tus pecados no es obstáculo
para interceder ante el trono de la gracia. Lee Za 3,1 ss: Dios, en su
gran bondad, purifica de sus pecados al intercesor, y lo defiende del acusador;
lo santifica y adorna con vestidos preciosos de dones y virtudes.
7. La intercesión auténtica es desinteresada:
sólo buscas en ella el bien del prójimo y la gloría
de Dios. Tal actitud te hace salir de propio Yo (éxtasis); olvidarte
de ti mismo; morir a tus egoísmos. Así te vas sanando de
males tan perniciosos como egocentrismo, auto rechazo y otros, Cuando vives
a fondo las inquietudes de la Iglesia y los problemas del mundo, tus propios
problemas se convierten en problemillas.
8~ El antiguo Israel había sido elegido _por
Dios como -pueblo sacerdotal" para adorar al Dios verdadero de parte de
todos los pueblos. Algo que muchos israelitas nunca captaron. El mismo
peligro existe hoy en grupos eclesiales. Algunos para proteger su identidad
se encierran en una burbuja; incluso llegan a mirar a otros grupos como
rivales,,. y se atrofian. La. intercesión universal nos libera de
ese peligro: todo individuo y grupo cristiano está. llamado a la
intercesión, y esta se hace a beneficio de todos..
9. María, como Madre universal y Mediadora
de la gracia,, está presente en toda intercesión. Pero, como
en el evangelio, suele andar calladita, como de puntillas, para no llamar
la atención, No quiere haya otro protagonista que su HIJO Jesús.
¡Cuánto tenernos que aprender de ella!.
Hablan algunos intercesores modélicos
Santa Teresa de Jesús
Al conocer las heridas causadas en la iglesia por
el protestantismo, "diome gran fatiga, y lloraba con el Señor y
le suplicaba remediase tanto mal. Parecíame que mil vidas pusiera
yo para remedio de un alma... Y determiné hacer ese poquito que
era en mí, que es seguir los consejos evangélicos con toda
la perfección que yo pudiese, y procurar que estas poquitas que
están aquí (San José, Ávila) hiciesen lo mismo...
Que todas ocupadas en oración por los que son defensores de la iglesia,
ayudásemos en lo que pudiésemos a este Señor mío,
que tan apretado le traen aquellos a los que ha hecho tanto bien..."
"Oh hermanas mías en Cristo, ayudadme a suplicar
esto al Señor, que para eso os juntó aquí; este es
vuestro llamamiento; estos han de ser vuestros negocios; aquí vuestras
lágrimas; estas vuestras peticiones.... Y cuando vuestras oraciones
y deseos y disciplinas y ayunos no se empleasen en esto que he dicho, pensad
que no hacéis ni cumplís el fin para que aquí os juntó
el Señor" (Camino de perf.c. 1,15; c.3,10).
Santa Teresita del Niño Jesús
"Un sabio dijo: dadme una palanca, un punto de apoyo,
y levantaré el mundo. Lo que Arquímedes no pudo lograr, porque
su petición no se dirigía a Dios, y porque, además,
iba hecha desde un punto de vista material, lo lograron los santos en toda
su plenitud. El Todopoderoso les dio un punto de apoyo: ¡El mismo!
¡El sólo! Y una palanca: la oración, que quema como
fuego de amor. Y así levantaron el mundo. Y así lo siguen
levantando los santos que aún militan en la tierra, y así
lo levantarán, hasta el fin del mundo, los santos que vengan. (Ms
C 36v). " ¡Ah! La oración y el sacrificio constituyen toda
mi fuerza, son las armas invencibles que Jesús me ha dado. Ellas
pueden, mucho mejor que las palabras, conmover a los corazones. Muchas
veces lo he comprobado... ¡Qué grande es el poder de la oración!
Se diría que es una reina que en todo momento tiene entrada libre
al rey, y puede conseguir todo lo que pide... Hago como los niños
que no saben leer: digo a Dios con toda sencillez lo que quiero decirle,
sin componer bellas frases, y siempre me entiende". (Se lo dice en el silencio
del corazón)
"Para mí la oración es un impulso del
corazón, una simple mirada dirigida al cielo, un grito de agradecimiento
y de amor, tanto en medio de la tribulación como en medio de la
alegría. En fin, es algo grande, algo sobrenatural que me dilata
el alma y me une con Jesús....
Me gustan mucho las oraciones en común, porque
Jesús prometió hallarse en medio de los que se reúnen
en su nombre. Siento entonces que el fervor de mis hermanas suple al mío."
(Ms C24v.25r.25v).
“¡Qué misterio! ¿No es Jesús
omnipotente? ¿Por qué, pues, dice: Pedid al dueño
de la mies ... ? ¡Ah! Es que Jesús siente por nosotras un
amor tan incomprensible, que quiere que tengamos parte con él en
la salvación de las almas. No quiere hacer nada sin nosotras. El
Creador del universo espera la oración de una pobrecita alma para
salvar a las demás almas, redimidas, como ella, al precio de toda
su sangre... He aquí las palabras de Jesús: Levantad los
ojos y ved.. Ved cómo en mi cielo hay sitios vacíos; os toca
a vosotras llenarlos. Vosotras sois mi
Moisés orante en la montaña; pedidme
obreros, y yo los enviaré. ¡No espero más que una oración,
un suspiro de vuestro corazón!" (Cta 135, a Celina).
“Las almas sencillas no necesitan usar medios complicados.
Como yo soy una de ellas, Jesús me inspiró un modo sencillo
de cumplir mi misión (de intercesora). Me hizo comprender el sentido
de estas palabras de los cantares: Atráeme, correremos tras el olor
de tus perfumes. ¡Oh Jesús! cuando un alma se ha dejado cautivar
por el olor embriagador de vuestros perfumes, no podría correr sola;
todas las almas que le son queridas se sienten llevadas tras ella... El
alma que se abisma en el océano sin riberas de vuestro amor, lleva
tras de sí todos los tesoros que posee. Señor, sabéis
que mis únicos tesoros son las almas que os habéis dignado
unir a la mía... He aquí mi oración. Pido a Jesús
que me atraiga a las llamas de su amor, que me una tan estrechamente a
sí, que sea él quien viva y obre en mí. Cuanto más
me abrase el corazón el fuego de amor, con tanta mayor fuerza diré:
Atráeme. Cuanto más se acerquen las almas a mí, con
tanta mayor ligereza correrán estas almas tras el olor de los perfumes
del Amado." (C 34r.)
Santa Teresa de los Andes
"Un alma unida e identificada con Jesús lo
puede todo. Y me parece que sólo por la oración se puede
alcanzar esto... Pues salvar almas no es otra cosa que darles a Jesús,
y el que no lo posee, no puede dar nada... ¡Qué hermosa es
nuestra vocación! Somos redentoras en unión con nuestro Salvador.
Somos las hostias donde Jesús mora. En ellas vive, ora y sufre por
el mundo pecador. ¿No fue esta la vida de la más perfecta
de las criaturas, la Santísima Virgen? Ella llevó al Verbo
en el silencio. Ella siempre oró y sufrió... ¿No es
esta la vida de Jesús en el Sagrario? Sin duda, hemos escogido la
mejor parte" (Carta 130).
Beato Rafael
"Hoy, Jueves Santo (14,4.1938), día en que
el Señor se reunió con sus discípulos, yo también,
en mi pequeñez, me acerqué a Jesús, pidiéndole
que conmigo se quedara, y me admitiera a su mesa, y me permitiera vivir
con él y seguirle a todas partes como su sobra... Le pedí
a Jesús me permitiera reclinar mi cabeza sobre su pecho como san
Juan. Le pedí que de mí no se apartara nunca aunque me viera
débil y miserable... Recorrí el mundo entero enseñando
a Jesús todo lo que quería que remediase: España,
la guerra, mis hermanos, tantos corazones a quien quiero ... Todo se lo
enseñé a Jesús y le dije: Señor, tómame
a mí y date tú al mundo, acéptame, Señor, tal
como soy, enfermo, inútil, disipado y negligente. Y el Señor
me escuchó" (Pág. 816).
S. Juan de la Cruz
Cuando tú me mirabas, su gracia en mí
tus ojos imprimían; por eso me adamabas y en eso merecían
los míos adorar lo que en ti vían.
(Cántico Esp. e. 32)
"El mirar de Dios es amar y hacer mercedes" (Cant.
19,6). "La mirada de Dios cuatro bienes hace en el alma: limpiarla, agraciarla,
enriquecerla y alumbrarla; así como el sol con sus rayos enjuga,
calienta, hermosea y resplandece. Y después que Dios pone en el
alma estos tres bienes postreros, por cuanto por ellos le es el alma muy
agradable, nunca más se acuerda de la fealdad y pecado que antes
tenía" (Cántico 33,1).
*¿Qué
mejor oración que acoger la mirada y el amor de Dios?
*¿Qué
mejor intercesión que llevar en el corazón a nuestros seres
queridos, a la Iglesia, elmundo...,
y dejar que la mirada de Dios se pose sobre ellos con su infinito amor
y generosidad?
En el coro de San Damián (Asís), convento
donde vivió y murió Sta. Clara:
Non voz, sed votum
No la voz, sino el deseo,
Non clamor, sed amor
No el clamor sino el amor
Non cordula, sed cor
No las cuerdas (vocales), sino el corazón
Psalat in aure Dei
Cante al oído de Dios.
Lingua consonet menti
Concuerde la lengua con la mente
et
mens consonet cum Deo.
Y la mente con Dios.
Manos
Alzadas en Intercesión
Leyendo los signos de los tiempos queda patente la
gran preocupación que nuestra bendita Madre del cielo siente en
estos días por sus hijos peregrinos en la tierra. Repetidamente
está pidiendo a sus hijos predilectos oración y penitencia.
Orar por la conversión del mundo a su Hijo amado, el único
que lo puede salvar (Hch 4,12). Penitencia en el contexto actual, no significa
disciplinas y cadenillas. Vivimos en un mundo donde "lo mío es lo
primero"; "lo que me gusta" es norma de vida. Penitencia no significa sacrificar
mis intereses a beneficio del prójimo; aceptar por amor a Dios tantas
cosas en la vida diaria que no me agradan.
En 1985 tuvo lugar en Loyola la primera semana de
intercesión por la Iglesia y el mundo, dirigida por el Carmelita
Marcelino Iragui y un equipo de personas generosas de renovación
carismática. A partir de entonces y bajo la mirada amorosa de María,
se han ido formando más de un centenar de pequeños grupos
de intercesión por la Iglesia y el mundo, aglutinados bajo el lema
"Manos Alzadas".
Por iniciativa de nuestra Madre, Bendita entre las
mujeres, fue posible la primera semana de intercesión a nivel nacional,
convocada por Manos Alzadas, que tuvo lugar en su santuario de Lourdes
a finales de julio de 2005. Los numerosos participantes en esa semana manifestaron
el deseo de mantener contactos periódicamente, para fortalecer lazos
mutuos y desarrollar el precioso carisma de intercesión universal.
Tratando de discernir la voluntad del Señor
y de nuestra Señora, que en todo coinciden, y con el deseo de que
la nuestra también coincida, hemos llegado a las siguientes conclusiones:
1. Tener en verano una
semana de intercesión de Manos Alzadas, a ser posible, en un santuario
mariano, siempre bajo la protección de la Virgen Santísima.
En el 2006 la tuvimos en Lourdes, la primera semana de Agosto. Para el
2007 (150 aniversario de la proclamación de la Inmaculada) está
también programada en Lourdes, la primera semana de Agosto. Como
el número de participantes sigue creciendo, se programa una segunda
tanda en Fátima del 7 al 14 de septiembre.
2. Tener cada año dos retiros de fin de semana
de Manos Alzadas: uno en noviembre en algún centro importante de
España, otro en marzo en Madrid. Hasta el presente hemos tenido
el primero en Zaragoza, el segundo en El Escorial y el tercero en Valladolid.
El próximo está proyectado del 16 (tarde) al 18 (medio día)
de Marzo 2007,en Pozuelo de Alarcón (Madrid). Como también
está proyectado un Retiro de Iniciación a la intercesión
universal en Toledo del 11 al 14 de Octubre 2007.
3. Miembros de Manos Alzadas se apoyarán -tinos
a otros, sobre todo con la oración; y suplicarán al Señor
suscite numerosos intercesores por su Iglesia y por el mundo en el que
vivimos. Procurarán formar células o pequeños grupos
de intercesión, que se reúnan periódicamente. A fin
de orar por las mismas intenciones se puede utilizar la hojita enviada
desde Casa de Espiritualidad de Larrea (Tf. 946730544). Cada mes ofrecerán
una Eucaristía por una intención común y, a ser posible,
la celebrarán juntos.
Lo importante es interceder en la vida cotidiana
por todas las personas y en todos los lugares y momentos, y bendecir a
todos los que nos rodean, a cuantos encontramos y a cuantos cruzan nuestra
mente. Que la luz de Cristo llegue a todos y su Madre bendita Cuando el
Espíritu Santo controla la vida de un cristiano, la centra en Jesús
(lCo 12,3). De ese modo establece unidad y armonía en su interior,
esenciales para olvidarse de uno mismo, y vivir para los demás.
Al mismo tiempo, el Espíritu ensancha el corazón, de modo
que en él encuentren cabida todos los hijos y los deseos de Dios.
Entonces la oración de adoración, alabanza e intercesión
se fusionan en su vida y toda su persona se convierte en intercesión
permanente ante Dios. Ideal y meta de todo intercesor: ¡ser intercesión!
como lo es Jesús, como lo es María.
Intercesión es orar y luchar por el Reino
de Dios. Y los asuntos del Reino, mejor que en palabras humanas, se tratan
en el lenguaje de Dios, la contemplación infusa. Nadie la puede
producir, ni merecer. Pero todos nos podemos disponer. Y cuando el Espíritu
encuentra un alma dispuesta, la regala. Que María, nuestra Madre
y patrona la obtenga para todos los que de veras se comprometen a este
santo ministerio tan sacerdotal y tan eucarístico.
Contactos
para más información:
Isabel Larraza Tf.
943653908;
Maruja Pascual Tf.
976271408;
José Eugenio
Isusi Tf. 985213564
Victolía
Pérez Tf. 952232669
¿Cómo formar una célula
de intercesión ?
Si el Señor ha puesto ese deseo en tu corazón,
ten por cierto que, con la ayuda de Dios, se hará realidad. Tú
comienza orando por las personas a las destinadas a formar esa célula,
y pide al Señor las vaya poniendo en tu camino. Habla sobre el tema
con algunas personas, que crees pueden ser las llamadas. Cuando estéis
de acuerdo unos pocos, podéis ver dónde y cuándo reuniros
para orar. Lo bueno sería recurrir a la parroquia y exponer al sacerdote
el proyecto de orar, ante todo, por las necesidades de la parroquia y localidad,
abriendo luego el círculo para abrazar toda la Iglesia y el mundo
actual. Sugerir al sacerdote lo anuncie en la misa dominical, y rogarle
exponga el Santísimo para interceder ante él.
¿ Cómo se desarrolla
una sesión de intercesión?
Lo esencial es que quien dirige la asamblea esté
muy alerta al Espíritu. Lo que aquí se dice son meras sugerencias.
Si se expone el Santísimo, comenzar con un himno de adoración
o alabanza al Señor. En todo caso, bueno es comenzar adorando y
alabando a nuestro Dios; y mejor, si se hace con la ayuda de cantos adecuados.
A veces, ayuda invocar al Espíritu; a veces implorar perdón...
Luego conviene interceder unos minutos por el tema
general común a todos los grupos; leer el texto bíblico sugerido,
y reflexionar unos momentos. A continuación interceder por alguna
necesidad urgente del momento; y por las necesidades concretas de la parroquia
y localidad...
Finalmente dar gracias al Señor por que su
bondad no tiene fin. Concluir con el Padrenuestro y Ave María; o
con la bendición del Santísimo; o con el rezo del santo rosario.
Consagración como intercesor
Espíritu Santo de Dios me entrego a ti en alma
y cuerpo, para que tú me consagres como intercesor. Ensancha mi
corazón y purifícalo de todo egoísmo, para que en
él encuentren cabida todas las personas y todas las intenciones
que Jesús lleva en su corazón y la Virgen María en
el suyo.
Introduce mi alma allí donde Jesús
mora-----eternamente, en el seno del Padre. Desde allí, enséñame
a orar y trabajar día y noche por el reino de los cielos en la tierra,
por la salvación del mundo, por la santificación de la Iglesia.
Enséñame a clamar al Padre en tu lenguaje, en el silencio
s a g r a d o d e contemplación.
Haz que mi vida entera, en comunión con Jesús
y María y todos los santos, sea una ofrenda al Padre a favor de
mis hermanos, una intercesión incesante, una alabanza continua,
una eucaristía integrada en la de Jesús. Amén.
Oración por los miembros de MA
Espíritu Santo, desciende con poder sobre todos
los miembros de Manos Alzadas. Haznos pasar a todos allí donde Jesús
mora con María y los santos, en el seno del Padre. Fusiona nuestro
corazón con el de Jesús y de María, nuestras intenciones
con las suyas, nuestra voz con la suya.
Que nuestra vida sea una alabanza constante para
gloria de Dios, y una intercesión incesante por la santificación
de su Iglesia y la salvación del mundo.
Espíritu santificador, por el camino de la
alabanza y la i n t e r c e s i ó n , condúcenos a aquel
grado de santidad, al que Dios, en su infinita bondad y sabiduría,
nos ha destinado a cada uno de nosotros.
María, que con tanto amor acompañas
siempre a los intercesores, ruega a Dios para que así sea.
Amén.